La Tordera: una bolsa para llevar de todo

Cuando las personas me preguntan por qué decidí empezar a llevar una vida más amigable con el medio ambiente, por lo general respondo que simplemente fue un momento determinante en el que adquirí conciencia sobre mis hábitos cotidianos, comencé a cuestionarme esa necesidad -más bien costumbre- de comprar cosas en descuento, comer cada vez que sentía hambre, usar un pitillo (o hasta dos) en cualquier restaurante, comprar una botella con agua porque “tengo sed”, etcétera. Sin embargo, hace poco en una de mis reflexiones personales diarias, intenté realmente encontrar cuál fue el motivo o la situación que me generó esa primera incomodidad frente a la forma en que vivimos los seres humanos, o en mi caso más específico, los colombianos habitantes en Bogotá. 

Ese ejercicio me llevó a recordar una de las pocas veces en que acompañé a mi mamá a hacer el gran mercado del trimestre. En el mercado anterior, llegaron las compras separadas en grandes cantidades de bolsas plásticas, algo que me parecía completamente normal porque no se botaban a la basura, sino que se doblaban en forma triangular para luego guardarlas en un cajón de la cocina que almacenaba cientos de bolsitas adicionales “porque seguro vamos a necesitarlas y re-usarlas más adelante”.   

Pacientemente, completé las casi cuatro horas que implicaban estar en ese supermercado con mi mamá, llegamos a la caja para pagar, empacar e irnos, pero noté que nuevamente nos estaban entregando varias bolsas plásticas, en vez de llevar las que ya teníamos en casa y re-utilizarlas; el cajón de la cocina solo se llenaba con el paso de los meses, adicionando las otras bolsas que entregaban en cada domicilio, cada compra en el centro comercial, y así sucesivamente. Si bien a los 10 años no me consideraba una defensora del medio ambiente, este sí fue mi primer acercamiento a comprender que algo no estaba bien a mi alrededor.

Adquiriendo un poco más de conocimiento en torno al cambio climático, decidí que la forma más sencilla de empezar a aportar algo, era llevando mis propias bolsas plásticas a todas partes para no tener que gastar y acumular sin sentido; el tema trascendió el supermercado y se volvió parte esencial de mi rutina diaria. En este lindo camino de adquirir conciencia, encontré opciones más duraderas al plástico, como lo son las telas, así que empecé a usar bolsas hechas con material quirúrgico, textiles comunes con poliéster, entre otros. Afortunadamente, también me enseñaron que esas alternativas no eran las mejores por el impacto negativo que generan al momento de producirlas y desecharlas, llevándome a descubrir grandes emprendimientos colombianos que recuperan todos esos materiales para darles una segunda vida muy valiosa.

Así nace nuestra tordera, una bolsa diseñada para llevar todo, desde el mercado hasta los cuadernos de la universidad. Este producto está compuesto en un 52% de algodón reutilizado proveniente del reciclaje de cortes de fábrica pre consumo y 48% de botellas pet reutilizadas post-consumo, utilizando el residuo textil como materia prima, evitando que vaya a los rellenos sanitarios y a la incineración. Así, por cada metro de tela usado para nuestras toderas, se ahorran 4.6 botellas plásticas que estarían contaminando nuestros ríos y mares, 6.524 WH de energía, 132 gramos de tóxicos, 32.656 gramos de CO2 y, 1.739 litros de agua.

En estos meses, casi un año de pandemia, le he encontrado varios usos a la todera, empezando por la tradicional bolsa para guardar las compras y siguiendo con otros no tan comunes que les mencionaré a continuación: mi cartera diaria, el empaque perfecto para algunos regalos navideños, el forro para llevar mi computador de la casa a la oficina sin que se raye, otra alternativa para ir de viaje pocos días de forma cómoda y práctica… la verdad es que la uso todos los días, descubriendo nuevas funciones que se adapten a mis necesidades cotidianas.

Teniendo en cuenta que es un textil recuperado, es importante seguir cuidadosamente las instrucciones de lavado y planchado, con el fin de garantizar una larga segunda vida. Aquí les dejo las cuatro indicaciones clave que harán de su todera una gran compra para acompañarlos durante muchos años: 

  1. Lavar separadamente y en agua fría
  2. No usar detergentes ni blanqueadores
  3. No restregar, retorcer, ni secar al sol directamente
  4. Aunque no es necesario plancharla, se puede hacer a temperatura media

 

Autor: Carolina Bejarano Barrera